Black out

Cuando leo un libro, ya sea una novela o una biografía, es como cuando escucho música, si me agrada, si llega a conmoverme por alguna razón, fluye se hace continúa, y deja en mí algo nuevo un aprendizaje o llanamente vivir una historia. Pero si esto no sucede el deleite de la lectura se transforma inevitablemente en cortes abruptos, marchas y contra marchas. Con este libro Black Out no puedo definir taxativamente que me sucedió, es una incógnita todavía a escasas horas de haberlo terminado de leer.  

 

Pienso en la adicción al alcohol de la autora y ese sentido que le daba para pertenecer al mundo de los hombres sin dejar de ser una mujer, al mundo de los intelectuales de los 70 pero desde la obsesión por anestesiarse, decir que el alcohol era la patria parece ser excesivo y conmovedor a la vez. El mundo de los cafés de Buenos Aires en los 70 de Moreno parecen pisotear la visión romántica del Tango que yo llevo desde la memoria de mi propio padre y su amor por el Buenos Aires de los '60.  

 

Es muy cierto decir que es el libro negro de los muertos de Moreno y una época, y que según Alan Pauls en su nota para Telam, es casi obligatorio leerlo en diálogo con el segundo tomo de los "Diarios de Emilio Renzi" de Piglia y el flamante "Miserere" de Germán García, los otros dos notables mapeos de los años 70 que aparecieron en 2016. De hecho todos los escritores y amigos que describe ya no están entre nosotros, Miguel Briante, Norberto Soares, Claudio Uriarte, Charlie Feiling, periodista y escritores que compartieron con Moreno este universo etílico literario. 

 

Además ella es la única mujer en ese mundo de hombres, ella que sangra, que no puede dejar de hacerlo hasta traspasar los límites como algunas mujeres sabemos, y contar la odisea de serlo.  

 

Pero ella a la vez es la única sobreviviente de todo este mundo muerto y perdido, es la que puede a pesar de pensar que el whisky y la ginebra eran la patria, decidir exiliarse por fin. 

 

La partes del relato que hacen referencia a su familia: sus padres, sus abuelos y el mundo en el cuál vivió fue para mi el mejor tramo del libro, no se si estaré a la altura de un crítico literario o un lector avezado para rescatar estos tramos, pero lo hago como una lectora que soy en el camino de mis propias inquietudes.  

 

Y por último el grito de (¡¿Dónde están mis compañeros?!) aludiendo a los desaparecidos, bueno lo entendí pero no lo asimilé como parte del relato sino como algo que se quería dejar constancia pero nada más.  

 

 

Ah! Y una acotación ya desde el punto de vista de una diseñadora gráfica, la edición impresa de Random House es malísima, se desarmó la encuadernación y el retintado de las páginas se traslucía en la lectura.