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La Casa de los Conejos, Laura Alcoba.

 

 

Leí hace un par de días este libro, que agradezco que Katy me lo haya regalado por sugerencia de Ceci, quizás las tres compongamos un pequeño Círculo de Lectoras, como venimos diciendo.

Es bastante contradictorio lo que me sucede con esta autora y en consecuencia con el libro.

Por un lado me seduce la historia porque sucede en la ciudad de La Plata, mi cuidad de toda la vida, estando muy cerca generacionalmente de la autora ya que cuando se transcurre esta historia la autora cuenta con 7 años y yo 11. Además que el hecho se sucede en una casa emblemática de la familia Teruggi-Mariani, siendo que la lucha por la verdad y la justicia aún está en veremos en ese hecho en particular, y mi padre tenía una gran admiración por el maestro Mariani, abuelo de Anahí, la beba que aún su abuela Chicha busca desesperadamente. Esto último es real es nuestro, platense, argentino en todo sentido. Pero por otro lado, el relato de Laura Alcoba, no lo es. No es nuestro, no es platense, así es como a mí por lo menos me llega, como la mirada lejana de una voz de una niña que ahora es una mujer que se ha formado en la École normale supérieure, la aristocracia de la élite republicana francesa, no por nada  la autora argentina es considerada como "escritora francesa", publicando en la prestigiosa colección Blanche de las ediciones Gallimard (dedicada a las letras francesas).

Prefiero la voz infantil en La Elegancia del Erizo de Muriel Barbery, o la búsqueda de la verdad en “Nada se opone a la noche” Dephine de Vigan, también francesas de la misma generación y cuyas historias además se leen universales como dice Laura Alcoba cuando habla de la mirada de sus amigos en Francia.

Hay una frase lapidaria de Alcoba que me genera repudio, creo que a muchos lectores hispanos le puede suceder lo mismo, cuando dice: “escribo en francés, porque el idioma español para mí es sinónimo de silencio, y el francés de libertad”, no se porqué pero recordé a los grandes escritores españoles exiliados en Francia, por ejemplo Machado, pero bueno todo parece ser subjetivo en estos comentarios como lo es la misma Laura Alcoba. En una entrevista en el diario La Nación ella dice, “Los buenos libros son los que nunca terminan de decir lo que pueden decir. Soy una fanática de la relectura. Un buen libro es aquel que volvés a leer y te vuelve a sorprender, te vuelve a hacer pensar y a abrir puertas. Mis relecturas favoritas son, entre los argentinos, Borges y Cortázar. Tengo fascinación, entre otros, por La montaña mágica, de Thomas Mann, y por El lazarillo de Tormes, un libro cortito que nunca termina de decir todo lo que puede evocar.”

Pues, una de las personas que dejan sus mensajes en la versión online del diario le contesta: “Trés bien madame Alcoba, mais votre phrase fut dit par Italo Calvino: ¨ "Un clásico es un libro que nunca ha cesado de contar lo que tiene que contar.", es frase del autor italiano nacido en Cuba. Comme il y a des voleurs aprés la lettre...

Un mensaje fuerte que deja al descubierto lo que ésta autora genera, más allá de eso le daré otra oportunidad y seguro buscaré más adelante alguno de los libros que ha escrito:Jardín blanco,  Los pasajeros del Anna C., El azul de las abejas.

 

Acá van las recomendaciones de lecturas de Madame Alcoba:

La montaña mágica, Thomas Mann Empecé diciendo que haría una lista sin orden ni jerarquía, pero en cuanto a este primer título, no es del todo verdad. Creo que esta lectura es al día de hoy la más importante para mí. La montaña mágica es una exploración de la melancolía de una fuerza absoluta. La Primera Guerra Mundial como experiencia del abismo – la historia europea como síntoma.

Victoria, Joseph Conrad Me encanta Conrad. Podría haber citado otros libros de él (El corazón de las tinieblas, Lord Jim, Tifón), pero éste tiene la particularidad de tener un hermoso personaje femenino en su centro, Lena. Algo inhabitual en la obra tan masculina de Conrad.

Peste y cólera, Patrick Devilleå

Patrick Deville es a mi modo de ver uno de los mejores escritores franceses actuales. Un lector insaciable, un gran erudito a quien admiro muchísimo.

Le feu follet (El fuego fatuo, creo, en castellano), Pierre Drieu la Rochelle Es increíble pensar que este libro fue escrito en 1931. Es de una modernidad total, un libro genial y oscuro -una oscurísima novela inspirada en el suicidio del escritor dadaísta Jacques Rigaut.

Rayuela, Julio Cortázar Un libro que me gusta leer en voz alta.

Flush, Virginia Woolf La escritora Elizabeth Barrett Browning vista por su perro. Una joya en cuanto a la expresión de emociones y sensaciones, la comunicación entre humanos y animales. Me fascina lo que logra Virginia Woolf en este libro.

El Lazarillo de Tormes Por excelencia el libro que nunca se agota, cada relectura revela algo nuevo. Admiro este clásico del Siglo de Oro por el arte de la concisión, por el espacio que deja al lector.

País de nieve, Yasunari Kawabata Amo la obra de Kawabata, pero particularmente este libro en que el paisaje es protagonista, símbolo y clave de la intriga. También lo son los colores – el blanco y el rojo.

La invención de la soledad, Paul Auster. Auster es otro autor que amo, pero particularmente este libro que es como la piedra que sostiene todos sus libros posteriores.

Platónov, Anton Chekov Leer Platónov. Ir, ansiosa, a ver una nueva puesta en escena preguntándome “¿Cómo será esta vez?”. Entender y en el fondo no entenderlo. Creo que los libros que amo son aquellos que nunca termino de entender.

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